Carolina González Arias

lunes, 17 de diciembre de 2012

Propósitos de Año Nuevo


Ya llegó esa época del año en la que la constante inoculación de espíritu navideño intravenoso en dosis masivas nos hace olvidar muchas cosas, recordar otras tantas, correr de un lado a otro buscando “aquel regalo” y plantearnos listas de propósitos llenas de muchas buenas intenciones…que generalmente no se cumplen.

Si has leído hasta aquí quizá me puedas tildar de Grinch y no te quitaría yo razón. Algo de eso hay. Realmente no soy de las que pasa el año esperando que llegue diciembre, pero tampoco te puedo decir que no me dejo llevar por la marea navideña, de hecho preparo mis hallacas y pan de jamón cantando “El burrito sabanero”, “Santa Claus is coming to town” y las gaitas de Guaco y Maracaibo 15 (mis favoritas de siempre).

Pongo mi arbolito de navidad como todo el mundo, pero eso sí con los colores tradicionales, rojo y verde con toques plateados y dorados. Nada de cambiar cada año de color como si Navidad fuera una moda. Pongo mis pesebres, mis cojines festivos, mi mantel rojo y trato de que no falte mi Flor de Navidad en el centro de la mesa.

¿Y entonces, Carola, cuál es tu rollo con esta temporada? Sé que me preguntas eso en este momento y yo te contesto: No tengo ningún rollo raro con la Navidad, simplemente me parece que exageramos mucho en este último mes del año y nos desinflamos los otros once.

Desde noviembre comienza el bombardeo de cuñas, vallas, folletos navideños, decoraciones festivas y mensajes de “amor y paz”. Lo que me gustaría, te confieso, es que ese espíritu alegre en el cual el amor por los demás llega a niveles muy bonitos, durara todo el año. Es una cuestión de ser consecuentes. ¿Por qué ser buenos, amables, regalones y sonrientes durante este mes y luego pasar once meses con resentimientos, rencores, culpas y gritos en el tráfico, por decir lo menos? ¿Me explico? No entiendo cómo la gente se convierte en una cosa en diciembre y en otra el resto del año. Como un Jekyll y Mr. Hyde de temporada, pues.

No es que quiera que la Navidad dure todo el año. No creo poder aguantar 365 días de tintineos y escarcha. Lo que me gustaría muchísimo es que ese ánimo, esas ganas de hacer cosas, de llevar adelante proyectos, de mirar las cosas desde un punto de vista más positivo, de ser mejores personas, se quedara en nosotros cada minuto de nuestra vida.

Por eso las listas de propósitos de Año Nuevo son hermosas, loables, admirables, pero poco ejecutables. Cuando las escribes lo haces desde un estado, diría yo, artificial, influenciado por el olor característico de la época que mezcla hallacapan de jamón, canela; el sonido de villancicos, aguinaldos y gaitas; los arbolitos, acebos y demás adornos donde quiera que vas y la imagen de las vendedoras con el gorrito de Santa y la sonrisa en los labios.

Yo prefiero no esperar el primer minuto del Año Nuevo para procurar ser mejor persona. Si empezamos ahorita es más probable que se convierta en una actitud permanente. Yo te propongo, desde ya, comenzar a ejecutar nuestros buenos propósitos. ¿Hacemos la lista? Para luego es tarde.
Desde aquí te envío mi  agradecimiento por haberme leído durante el 2012 y te espero el  próximo año para que sigamos poniendo más ladrillos en nuestra vida en construcción.

Feliz 2013



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