lunes, 29 de junio de 2015

Sí hay futuro III

Aquí les dejo otro de los discursos ganadores del concurso de oratoria del Colegio Don Bosco. Este es del joven Eduardo Martel, estudiante del tercer año de bachillerato.

¿Qué es el amor? Vamos, sin pena, díganme. Algunos dirán… “un sentimiento”. Otros, “una emoción”, o cualquier clase de definición que ellos creen para este valor tan complejo. Pero qué tal si les dijera que la definición del amor se encuentra tan fácil como abrir el diccionario y buscar… A ver, a ver, a ver,  aquí está.
Amor: verbo o sustantivo. Amor al arte. Amor a la belleza, ja, el clásico amor de una persona a otra.
Podemos ver que el amor tiene varias definiciones. Por ejemplo, Pablo Neruda decía: “El amor, el amor es cuando el pensamiento vaga, cuando la inseguridad llega, cuando la estupidez realza y cuando, el sentimiento aflora con lágrimas y risas”.
Una encuesta ha demostrado que la mayoría de la gente asocia el amor con la locura y la estupidez. Y yo me pregunto ¿por qué? Qué nos hace el amor para violar esas barreras de la imaginación que hace que una madre de 60 años levante un carro de tres toneladas para salvar a su hijo o esa capacidad única de ser la llave del cerrojo en los ojos del hombre más seco y férreo del mundo y lograr sacarle una lágrima de compasión.
Ahora un ejemplo: imagínense la Segunda Guerra Mundial ¿Cuánto duró? Si no me equivoco como siete años. Imagínense que en esos siete años haya habido diez minutos de amor puro, quizás hubiese durado menos, o no, eso yo no lo sé, no viví ahí. Ahora vayamos a un ejemplo más actual: Venezuela. Todos sabemos que estamos mal, pero ¿qué pasaría si juntásemos un grupo de personas que amen realmente al país, no importa su origen, un estudiante, un pobre, un policía, cualquier persona? Yo creo que el país puede cambiar.
Allá aquellos políticos que quieren comprar el amor. El amor no se compra ni se gana. El amor es algo que cada uno merece.
Entonces, vamos a la pregunta inicial.
¿Qué es el amor?...

¿Un sentimiento?... ¿Una emoción?.. ¿Un gesto de amabilidad o un salto al vacío? O como dice mi cantautor guatemalteco favorito: el amor es un ingrato que te eleva por un rato y te desploma porque sí. 

viernes, 12 de junio de 2015

Sí hay futuro II

En estos días les escribía sobre mi experiencia en las charlas que he dado a jóvenes adolescentes de bachillerato. En ese texto les coloqué uno de los discursos ganadores de un concurso de oratoria realizado en el colegio Don Bosco de la localidad donde vivo.
Hoy les dejo otro de esos discursos, en este caso el de una chica de 3er año: Carolina Ruiz Chópite.
Espero que lo disfruten tanto como yo. Tuve el privilegio de escucharlo de su propia voz y emoción, y les cuento que me erizó la piel el sentimiento con el que lo expuso:

"Venezuela está en una situación crítica. Es una frase que sé que a muchos de nosotros nos atormenta día a día. Es esa voz que no nos deja dormir. Que nos hace pensar ¿Cómo dejamos que esto llegara a este punto? Personas lastimándose unas a otras por un paquete de pañales, de harina pan, de papel higiénico...
Entonces sí, creo que entendemos el tema de la crisis económica, estarán diciendo ustedes. Pero mi problema es que cuando a mí me atormenta esa frase, no pienso a cuánto está el dólar, ni en las colas, sino más bien, en el niño asesinado hace un par de meses, en los estudiantes que derramaron su sangre con tal de morir en una tierra libre mientras millones de personas se quedaban de brazos cruzados y en aquellos que tuvieron que marcharse, no buscando una mejor vida, sino una calle donde pudieran caminar sus hijos. Luego recuerdo que todo esto es por una sola causa.
En la época colonial, Venezuela se dividía por clases sociales. Ahora se divide por ideologías políticas. Ahora no podemos trabajar en ciertos lugares porque votamos por alguien distinto, no podemos levantar una pancarta en el aire porque eso es terrorismo, no podemos siquiera pensar diferente porque nos meten una bala en la cabeza y como dice alguien por allí "pasa rápido y suena hueco".
Antes nos preguntábamos si en el país teníamos futuro, hoy nos preguntamos si en el futuro tendremos un país. Sin embargo, yo tengo mis esperanzas y sé que no soy la única. Este país algún día se levantará y va a ser maravilloso que yo pueda expresar algo y tú todo lo contrario y que sigamos siendo amigos. Mientras tanto, a los caídos, a los héroes modernos de Venezuela, que Dios los tenga en la gloria, sus nombres serán recordados y deberán aparecer en los libros de historia. A los que se quedaron, señores, somos todos hijos de una misma madre, somos todos de una misma Venezuela y, especialmente, a los que se fueron, no se queden viendo al pasado, así, de ninguna manera tendrán un buen futuro. A pesar de esto, tampoco olviden de dónde han venido ni que han sido antes de ser lo que son ahora. Listo, emigraste, tu vida se acaba de resumir a un par de maletas. Pero ten siempre en mente, que no importa donde esté latiendo tu corazón, porque la sangre que corre es venezolana".

 Yo sigo insistiendo en buscar ladrillos bonitos para edificar mi vida en construcción.

martes, 9 de junio de 2015

Sí hay futuro

Hace unos días tuve el privilegio de llenarme de energía de la buena, de esa que te empapa y te lleva caminando con una sonrisa por la vida. Estuve en dos colegios de la zona donde vivo, el María Auxiliadora y el Don Bosco, para dar charlas sobre mi libro a los salones de 5to y 3er año de bachillerato respectivamente.

Las profesoras de Castellano de estos colegios pensaron que sería útil que los muchachos, que están en una etapa crucial de sus vidas, leyeran mi texto por lo que lo asignaron como lectura para el último lapso de evaluación.

Confieso que al recibir estas invitaciones las creencias presentes en todos nosotros acerca de lo difícil que es hablar con los adolescentes me sacudieron por un momento. De hecho, como parte de la charla les expliqué a los muchachos que para estar allí frente a ellos yo misma había tenido que aplicar la receta de mi libro: sacar de mi clóset mental las creencias instaladas que pudieran hacerme difícil conversar con ellos. Les preguntaba cómo creían que hubiera llegado yo si no hubiera limpiado mi clóset mental de esas creencias. Estaban claros, me dijeron: hubiera llegado amargada y hablándonos feo. Ciertamente hubiera sido así... pero no lo fue.


Fueron encuentros sabrosos, en los que traté de dejar en ellos la importancia de tratar de ser cada día mejores personas, enfatizando que ese ser mejores personas va más allá de ser buenos angelitos. Ser mejores personas, les dije, es estar conscientes de quiénes somos y de quiénes queremos ser, sentirnos bien y hacer lo que nos apasione, vivir sin dañar al otro y aplicar siempre la regla de oro: trata al otro como quieres que te traten a ti.

Agradezco profundamente estas oportunidades que me da la vida, porque generalmente recibo más de lo que esperaba. Particularmente, al finalizar mi charla en el colegio Don Bosco me enteré de que la semana anterior habían realizado un concurso de oratoria. Tuve el honor de que dos de los ganadores me dejaran escuchar sus obras. Las letras se hacen insuficientes para describir lo que me hicieron sentir las palabras de esos jóvenes. Mi piel se erizó (cuando escribo esto y lo recuerdo, me vuelve a suceder) y un nudo se instaló en mi garganta.

Gracias a estos momentos que la vida me regaló, no solo pude sacar de mi clóset mental la creencia de que nuestros adolescentes son indolentes, indiferentes y que no les importa nada de lo que les rodea. Al compartir con estos jóvenes y escucharlos, mi corazón se llenó de esperanza y de la seguridad de que podemos confiar en ellos para poner el futuro en sus manos. Estos momentos fueron, definitivamente, buenos ladrillos en mi vida en construcción.

Aquí les dejo (completica) una de las piezas de oratoria ganadoras de ese concurso en el colegio Don Bosco. Es de Daniela Gruber, una hermosa e inteligente chica de 4to año. Espero lo disfruten como lo he hecho yo.

El país en el que pienso
Daniela Gruber

Hoy, este discurso lo iniciaré con una adivinanza y todos ustedes deben tratar de deducir lo que estoy pensando. En mi mente, aparece la imagen de un país: un país realmente hermoso y que todos conocemos, en este sitio misterioso pasan más cosas de los que algunos saben, que van más allá de sus bellísimas playas y de sus ricos suelos. En este lugar, el que sabe y se expresa, es enemigo, más el ignorante y el aprovechado, vive como monarca.

En este país, por sus aires vuelan más las balas que los aviones y se escuchan más los llantos de las pérdidas que las celebraciones de la nueva vida. Es curioso porque pareciera que todo está al revés, pero no se preocupen, mi conclusión es que este sitio es mágico. Lo digo, porque los encargados de liderarlo son expertos en el arte de la ilusión. Tienen la capacidad de desaparecer cosas  frente a nuestros ojos, imagino que todos deben saber del país en el que estoy pensando, ya que es el tema favorito de conversación en todos lados y nos sentimos inmediatamente identificados, porque aún muchos de nosotros lo llamamos hogar.

Hola, muy buenos días, soy Daniela Grüber y SOY VENEZOLANA. Debemos saber que Venezuela no es la culpable de lo que estamos viviendo,  ella no es la que ha violado nuestros derechos como seres humanos constantemente, ni la que nos ha engañado y dado falsas esperanzas. No es ella la culpable de todas las muertes y la poca calidad humana, no ha sido ella tampoco la que cierra nuestras bocas para que no nos expresemos. Siempre se nos recuerda que somos una república libre, pero al mismo tiempo nos asusta salir a la calle y no saber si vamos a volver, así que somos libres, ¿pero qué tanto?, ya tendrán una idea de por dónde van estas palabras y me disculpo si les he hecho pensar que les hablaré de política y de nuestra situación actual, porque no es así, ¿por qué lo haría? Si al final todos vivimos aquí y todos conocen tan bien como yo lo que estamos viviendo.

Así que comencemos de nuevo, hoy les hablaré de algo que ciertamente se relaciona con Venezuela más no con nuestros problemas actuales, sino de algo más profundo, hablaré del poder que tenemos todos juntos para hacer ese cambio que deseamos y así como Martin Luther King, tengo un sueño, sueño con que unidos consigamos vivir en paz en Venezuela y no en otro país que no sea ella. Una gran persona dijo una vez que “el tamaño de tu éxito será del tamaño de tu esfuerzo”, esta persona fue Francisco De Miranda, lo cual es muy cierto y muy apropiado, al tratarse de un personaje que más que un prócer de la independencia, fue un venezolano culto que estuvo por todo el mundo y soñó siempre con una Venezuela libre y democrática.

Para conseguir nuestros objetivos, lo primordial es la educación, por lo que sí, es importante ir al colegio. Como estudiantes, sabemos que el camino a veces es difícil, en ocasiones frustrantes, lo sé de primera mano, pero estoy consciente de que lo bueno no es fácil, por lo que siempre mantengo presente las enseñanzas de mis padres, quienes me recuerdan que lo único que cae del cielo es la lluvia, que por más que cueste alcanzar una meta, si caemos, debemos  levantarnos y seguir adelante.

En estas paredes, los profesores intentan e intentan y siguen intentando que aprendamos y lo hacen con la mejor intención de prepararnos para la próxima etapa. ¿Cuál es el sentido de aprender solo por un título? Debemos aprender para ser alguien en la vida, estar preparados, sabiendo que actualmente no existe arma de fuego, o régimen dictatorial que pueda con el poder de nuestras mentes y voces si las sabemos aprovechar, son armas infalibles. Así que sí, hay que acostumbrarse, una tarde detrás de un libro no  mata a nadie, otorga herramientas, es parte nuestra vida estudiantil.  Debemos procurarnos una educación que nos enseñe a pensar y no a obedecer, si las escuelas estuvieran más llenas, estoy segura de que las cárceles estarían más vacías.

Una vez Eleonor Roosevelt dijo: "No basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella y trabajar para conseguirla”. Yo pienso que para hablar de paz es necesario también hablar de respeto. Desde que tengo memoria, en nuestras casas, en el colegio, en todos lados, nos enseñan la importancia de este valor, mas siendo honestos es difícil aceptarlo en su totalidad ya que muchos la aplican, pero de una forma superficial. Somos capaces de comprender lo de respetar a los que piensan de forma distinta de nosotros, pero cuando nos toca enfrentarnos directamente a alguien que no tiene las mismas perspectivas, solemos perder un poco la paciencia y dejamos nuestras enseñanzas a un lado de nuestro cerebro que en el acto solemos olvidar que está ahí. Un ejemplo cotidiano,es cuando estamos en un auto y  una persona se nos atraviesa, ahí se ve falta de respeto en los dos autos, principalmente del carro que se travesó, que demuestra lo poco que le importa el tiempo del otro, mientras que en el otro carro, al que se le atravesaron, usualmente se escucha una sinfonía y una serie de gestos muy poco propios, también considerados como falta de respeto y honestamente, muy poco útiles porque el que se te atravesó, se te atravesó y eres tú el que se amarga. Este ejemplo no es para demostrar quién es malo y quién es peor, es para demostrar que la falta de respeto y la intolerancia es casi tangible en nuestra vida cotidiana. Cabe destacar que no estoy diciendo que hay que andar pasivos y sin importarnos nada en nuestra vida. No, lo que digo es que el país perfecto y libre del que todo el mundo habla puede ser perturbado por cosas tan comunes y fáciles de erradicar con una buena educación ciudadana.

 Nuestro maestro Don Bosco dijo: “Las diferencias nos enriquecen, pero el respeto nos une”. Esta frase hay que recordarla al momento de encontrarnos a alguien que no comparta los mismos puntos de vista ya que cada ser humano es un mundo distinto con sus sueños y expectativas, y que sean distintas a las tuyas, no las convierte en peores.

Si voy solo iré más rápido, pero si vamos juntos llegaremos más lejos, esta es una de mis frases favoritas y es aplicable porque nos recuerda que solos somos fuertes y capaces, pero unidos somos una potencia casi imparable. La historia es una escalera que a lo largo de la vida ha descrito las acciones del hoy, lo que nos pone a pensar que lo que hagamos hoy, será el legado que dejaremos a las generaciones futuras.

 En 1000 años lo más probable es que no sepan que un día como hoy estuve parada aquí hablándoles, o que tu estuviste sentado ahí escuchando, pero sí recordarán lo que hicimos todos juntos, el futuro es un misterio, así que eduquémonos, respetemos, amemos, tengamos sentido de pertenencia y mantengámonos unidos para garantizar que cuando nuestro ahora sea historia valga la pena ser escuchada. Muchas gracias.

domingo, 26 de abril de 2015

Hasta luego, Gilberto.

Yo escribo todo el tiempo. Escribir ha sido, desde que me conozco, mi válvula de escape. Si estoy feliz, escribo; si estoy preocupada, escribo; si tengo una gran molestia, escribo; si tengo dolor, escribo. Hoy escribo con una gran tristeza en el alma. Uno de esos dolores que te perfora el corazón y de los que crees que no será posible salir.
Hoy se ha ido un ser al que he considerado un maestro e inspiración en mi vida, tanto profesional como personal. Hace siete años escribía yo un post dedicado a él. Los sueños no tienen edad se llamaba ese texto que escribí sobre este hombre que fue ejemplo de vida para quienes lo conocimos.
Pudiera hacer una lista de las cosas que admiraba y siempre admiraré de Gilberto Aristimuño y seguro que me quedaré corta. Su don de gente, su risa fácil, su perseverancia, su  constancia, su verbo sabroso, sus cuentos que hipnotizaban, su amor por la familia, su espíritu colaborador, su amistad sin límites, su mano siempre tendida, y así pudiera seguir, porque con cada lágrima me llega un recuerdo más.
Gilberto fue el padrino espiritual de mi libro. Antes de presentarlo formalmente, un día de junio, en la intimidad de mi sala, mi familia y la suya nos reunimos para que él le diera su bendición. Sé que puso todo su amor en ese acto simbólico y llenó de energía positiva a ese sueño que yo acababa de cumplir.
Gilberto se fue. Su cuerpo necesitaba descansar porque él era de los que no le daba tregua a la vida. Siempre despierto, siempre pensando, siempre al pie del cañón. Eso reconforta a quienes tuvimos el inmenso privilegio de contar con él en nuestro camino. Vivió a plenitud y entregó todo lo que había en su corazón para entregar. 
Hoy estoy triste, es verdad. Lo voy a extrañar, claro que sí. Pero sé que cada vez que piense en él podré esbozar una sonrisa y recordaré que en nuestro último encuentro, a pocos días de su partida al visitarlo en la clínica, me regaló su sonrisa y no pudo aguantarse un comentario pícaro y dicharachero: "carajo, tan buenamoza como siempre". Gracias, Gilberto, por haber existido y darme la dicha de tu amistad. Gracias por haber sido y ser por siempre uno de los ladrillos más hermosos de mi vida en construcción.

martes, 7 de octubre de 2014

Paciencia...lo bueno llega

Yo soy ferviente seguidora de la idea de que la paciencia siempre da buenos frutos. No es fácil, en eso estamos claros, y menos en esta época de prisas e instantaneidades en la que todo lo queremos para ya.  Nos recomendaba Ralph Waldo Emerson en el siglo XIX: "Adopte el ritmo de la naturaleza; su secreto es la paciencia". Y antes de él, en el XVIII, Benjamín Franklin decía: "Con la paciencia y la tranquilidad se logra todo...y algo más".  Yo estoy de acuerdo con ellos.

Ya hace un tiempo escribí sobre la paciencia. Fue en los días en los que comencé a "entrenarme" en ella. Y recuerdo haber citado a un escritor venezolano, Rafael Osío Cabrices, quien decía en un artículo que él había descubierto que la paciencia se puede entrenar  “como a un músculo, con flexibilidad, con templanza y con tenacidad, y que se puede ser paciente sin ser pendejo, sin ser lento, sin ser abúlico y sin ser conformista”.

Han tenido que pasar muchas cosas en mi vida para que yo lograra entender las bondades de la paciencia, de la calma, de la confianza, en fin, de lograr mantener algo de orden en mi clóset mental. Pero las cosas siempre pasan por algo (a mucha gente le molesta esta idea...hasta que la entienden) y el tiempo se ha encargado de demostrármelo.

El dedicarme a lo que me apasiona como es la corrección de textos, el tener mi página web y haber publicado el libro que había soñado desde hacía tanto tiempo, ha sido fruto de esperar en calma, actuar en sintonía con lo que me apasiona, enfocarme en eso y agradecer cada pequeño logro como si alcanzara la cima del Everest.

¿A qué viene todo este bla, bla, bla? A que después de dos años de haberle escrito a Eli Bravo preguntándole si podía prologar mi libro y haber tenido la dicha de que decidiera hacerlo,  después de un año de haber bautizado el libro y sacarlo a la luz y unos meses después de haber comenzado a trabajar en la corrección de sus libros...al fin, pude conocerlo en persona y darle el abrazo que tenía guardado para él.

La mejor prueba a mi paciencia y confianza fue lo que sucedió ese día. Eli daría una conferencia en mi ciudad (Activa tu inspiración) y quedamos en que nos veríamos para conversar y para que él me entregara los ejemplares de los libros que le había corregido y que ya estaban a la venta. Conversamos telefónicamente varias veces esa tarde tratando de cuadrar los minutos para encontrarnos antes de su conferencia y sentarnos con calma a hablar. Pero cada vez surgía algo y la posibilidad del encuentro se desvaneció.

Confieso que de haber sucedido esto unos años atrás, ante la primera dificultad me hubiera puesto a llorar y a preguntarme: ¿Por qué a mí? ¿Por qué todo se hace tan difícil? Esa tarde, mi cesto de paciencia y confianza estaba lleno y una vez que decidimos que esperaríamos al final de la conferencia a que él terminara de atender a los asistentes que quisieran conversar y tomarse fotos con él para sentarnos unos minutos a conversar rapidito, lo asumí con una tranquilidad que a mí misma me sorprendió.

Pero la verdadera sorpresa estaba por llegar. Me fui con mi hijo temprano para lograr un buen puesto y disfrutar de la charla de Eli desde bien cerquita. Gracias a mi amiga Yenny Medori, de Elefantes y Ratones, así fue. Primera fila. Mejor imposible.

Foto de Jorge Buinizkiy


Luego de una conferencia sencilla, inspiradora y directa al corazón, recibí una de las sorpresas más bonitas de mi vida. Al terminar, Eli pidió unos minutos para entregar unos libros a tres asistentes. Entregó los primeros dos y entonces comenzó a hablarle al auditorio maravillas de una persona a la que agradecía su trabajo. Puros elogios salían de su boca para esa persona...¡que resulté ser yo! No te puedo explicar mi falta de palabras, ni las ganas de llorar de la emoción, ni la temblequera de mis piernas. En ese momento, Eli tomó los dos libros y me llamó a recibirlos. Allí después de dos años de aquel primer correo le pude dar el abrazo lleno de agradecimiento y cariño que le tenía reservado.





Nunca sabemos por qué pasan las cosas, ni por qué algunas veces pareciera que no salen como uno las esperaba o las deseaba. Yo me estoy acostumbrando a tener la paciencia necesaria para disfrutar la sorpresa que me espera, siempre tengo confianza en que será agradable y superará cualquier expectativa. No me ha fallado.


Cada vez que tengo la tentación de exasperarme porque las circunstancias no son las que yo quiero, o porque pasan cosas que no son de mi agrado, respiro profundo y recuerdo momentos como este con Eli en los que la paciencia y la confianza han resultado ser la mejor decisión. 

Prueba a entrenar tu paciencia, cuéntame cómo te va. Yo, mientras, seguiré por aquí poniendo ladrillos en mi vida en construcción.