lunes, 1 de noviembre de 2010

Todo pasa…ten paciencia


Ayer leí un artículo de Rafael Osío Cabrices en la revista “Todo en domingo”,  titulado “La paciencia”, que me quedó dando vueltas en la cabeza. Tantas vueltas dio que el vueltero llegó a los dedos y me puse a escribir.
Hoy, como todos los lunes destaqué en mi estado de Facebook  mi entusiasmo por mis clases de yoga (am) e italiano (pm), que hacen que los lunes y miércoles sean realmente especiales para mí. Agregué a mi estado que era día de disfrutar de todo lo que llegara y el que no quisiera que se quedara en casa…para que no estorbara.
Luego, casualmente, leí una frase de Mafalda, la cual agregué en un comentario a mi estado. Decía: “‎Comienza tu día con una sonrisa, verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo”.
Me fui caminando al yoga y, al cruzar el Puente Caracas (para quien no lo conoce, este es un viejo puente de guerra sobre el río Neverí en Barcelona, remendado mil veces, y que si en carro produce escalofríos, caminando se imaginarán el temblequeo), me sorprendí cruzándolo con paciencia, firmeza y con una sonrisota en la cara. Una cámara hubiera sido muy útil en ese momento (aunque dudo que hubiese podido usarla en tal situación) para dejar plasmadas y mostrar a mis amigos las caras de los conductores.
No entendían que una mujer vestida de blanco (voy de blanco al yoga, sí ¿y?) tuviera las “ganas” de cruzar ese puente a pie, no se inmutara con los carros que le movían el piso y la ponían entre caer al río y sobrevivir al trancazo de un parachoques; no le gritara a los cómicos que hacían como si la fueran a atropellar y encima tuviera el tupé de ir sonriendo. 
¿Por qué nos cuesta tanto entender que se puede sonreír y estar bien, aunque las cosas no estén tan bien?  He ahí el dilema. El cual creo que por lo menos para mí quedó claro entre el yoga, Osío Cabrices y una que otra lectura metafísica.
En mi clase de yoga, me di cuenta de que yo, una persona hiperkinética e intranquila, disfrutaba con la duración de cada asana. No había molestia en mí,  la misma persona a quien hasta hace dos meses le era imposible esperar el turno en la caja del supermercado sin rumiar entre dientes el mal que caería sobre el gerente del establecimiento, o imaginara cómo se le partirían una a una las uñas a la cajera en castigo por ser tan lenta.
Ahí mismo recordé el artículo de Osío Cabrices. Dice Osío, en ese buenísimo escrito, que la paciencia se puede entrenar “como a un músculo, con flexibilidad, con templanza y con tenacidad, y que se puede ser paciente sin ser pendejo, sin ser lento, sin ser abúlico y sin ser conformista”. Y me va a permitir Osío que lo siga citando pero es que su remate es como  enseñanza de monje a pequeño saltamontes (claro, yo soy la pequeña saltamontes) Creo, sí, que uno puede usar su inteligencia para no pasarse la vida privándose de los placeres más baratos, como respirar o mirar el cielo, por andar bufando como si hubiera perdido la mayoría electoral”.
En ese momento caí en cuenta de la verdad de la cuestión. La paciencia, esa es la clave, la paciencia. La que nos permite esperar, sin desesperar, a que el nudo se desenrede aflojándolo de a poquito; aguantar a que pasen los 60 segundos para que el semáforo cambie de color; esa misma paciencia que nos convence de no tocar la corneta ni gritarle cuatro cosas al chofer que no se ha dado cuenta de que ya el aparato está en verde; esa que nos dice que se puede cruzar el puente Caracas sin dramas, porque algún día, no importa cuándo, lo van a cambiar; esa misma que nos ayuda a enfrentar con calma los achaques y emergencias de los 80 años de tus viejitos.
Paciencia y más paciencia. Disfruta, relájate, vive el ahora, goza el día con sus cosas buenas y las no tan buenas. Espera con calma. No te amargues. Toda noche termina; siempre llega la calma después de la tormenta; todo pasa…ten paciencia...y sigue colocando ladrillos en tu vida en construcción.

7 comentarios:

  1. Si Carola que buena tu nota, yo también leí el artículo de Osío Cabrices, ¡wow sin desperdicio!
    En este país tenemos que aprender a juro a entrenar la paciencia, cada día suceden cosas que nos asombran tanto, que nos dan tanta rabia, que nos hacen sentir tanta impotencia, que ahí es cuando nos decimos "Señor dame paciencia"

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  2. Ya mismo voy a buscar ese artículo!
    Seguro que el yoga te ha ayudado muchísimo en ese ejercicio de la paciencia. Para mía ha sido una puerta a una manera de vivir y ver la vida completamente diferente.
    He disfrutado mucho tu post, Caro.
    Te mando un fuerte abrazo

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  3. Que post mas bello Carolina. Hoy necesitaba leer esto, hoy necesitaba que alguien me ensenara que es bueno ser paciente. Gracias.

    Te robo la frase "‎Comienza tu día con una sonrisa, verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo" :)

    Un beso,

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  4. Mafalda tiene frases extraordinarias, pero esta es genial. Riégala por todos lados.
    Besos.

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  5. Buenísima reflexión querida amiga, yo que gracias a Dios heredé el gen de la paciencia de mis ancestros chinos a veces la pierdo en los momentos críticos y realmente, no vale la pena!

    Gracias por recordarme que la vida es más bella cuando somos pacientes, y que viva el yoga!

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